Por Luca Boccalato-Rodriguez
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En Estados Unidos, las necesidades de salud mental son muy comunes, pero el acceso a la atención sigue siendo muy desigual. En 2024, más de uno de cada cinco adultos en Estados Unidos, aproximadamente 61.5 millones de personas, tuvo algún problema de salud mental. Sin embargo, solo alrededor de la mitad de los adultos con alguna enfermedad mental recibió tratamiento durante el último año. Incluso para quienes finalmente reciben atención, el camino puede ser largo. El tiempo entre la aparición de los síntomas y el primer tratamiento puede durar años, y en algunos trastornos relacionados con la ansiedad el retraso promedio para recibir tratamiento puede ser de 20 años o más.
Estas brechas no se deben simplemente a decisiones individuales. Muchas personas enfrentan barreras como el costo, las limitaciones del seguro médico, el transporte, el estigma y la falta de servicios en su idioma. Estos desafíos se agravan por una crisis más amplia en la disponibilidad de profesionales. Tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, no hay suficientes profesionales de salud mental para cubrir la necesidad de atención.
Para las comunidades marginadas, incluidas las comunidades de habla hispana, esta brecha es especialmente marcada. Entre 2014 y 2019, la proporción de centros de tratamiento de salud mental en Estados Unidos que ofrecían servicios en español disminuyó casi un 18%, mientras que la población hispana aumentó un 4.5%. En una encuesta nacional de la Asociación Americana de Psicología, solo el 5.5% de los psicólogos indicó que podía ofrecer servicios en español. En otras palabras, las comunidades que ya enfrentan mayores barreras para recibir atención son, con frecuencia, las mismas que tienen menos probabilidades de encontrar servicios disponibles en su idioma.
Aquí es donde entran las herramientas digitales de salud mental. Las herramientas digitales incluyen programas en línea, aplicaciones móviles, terapia por videollamada y apoyos basados en inteligencia artificial, entre otras opciones. La posibilidad de ofrecer servicios terapéuticos por internet ha transformado el panorama de la salud mental, y la demanda de opciones digitales continúa creciendo. En una encuesta nacional, el 55% de los pacientes indicó que prefería usar herramientas digitales en lugar de la terapia tradicional en persona. Entre quienes utilizaban herramientas digitales, el 24% prefería opciones completamente autoguiadas.
A primera vista, las herramientas digitales de salud mental parecen ser una parte evidente de la solución a la falta de acceso a tratamiento. Si no hay suficientes profesionales, y especialmente si no hay suficientes profesionales que hablen el mismo idioma que sus pacientes, los programas en línea y las intervenciones autoguiadas pueden ayudar a ampliar el acceso a la atención.
Pero hay algo importante que debemos tener en cuenta. Tener acceso no es lo mismo que tener equidad, y traducir una herramienta no significa necesariamente que esa herramienta responda a las necesidades de una comunidad.
Las herramientas digitales pueden ayudar a reducir las desigualdades en salud mental, pero también pueden reproducirlas. La tecnología no está libre de sesgos. Refleja los valores, los datos y los puntos ciegos de las personas que la crean. En el campo de la salud, algunas tecnologías con sesgos ya han contribuido a resultados desiguales. Por ejemplo, ciertos algoritmos de programación de citas hicieron que pacientes negros tuvieran que esperar más tiempo para recibir atención, y algunas herramientas de monitoreo de salud han mostrado menor precisión en personas con piel más oscura. Las tecnologías de salud mental no están exentas de estos mismos problemas.
Esto es especialmente importante cuando las herramientas digitales de salud mental se traducen para comunidades para las que no fueron diseñadas originalmente. Por ejemplo, una aplicación de salud mental creada en Estados Unidos y traducida al mandarín no se convierte automáticamente en una herramienta culturalmente adaptada. Las palabras pueden estar en el idioma correcto, pero la herramienta todavía puede perder parte del significado y de las ideas culturales que hay detrás de ellas. Por ejemplo, una aplicación desarrollada en inglés puede enfocarse en el estrés relacionado con el trabajo, la escuela o las metas personales. Esas son preocupaciones reales, pero puede que no reflejen por completo otros temas especialmente importantes en algunas comunidades chinoamericanas, como las responsabilidades familiares, el estigma y la importancia de mantener la armonía familiar. Cuando una herramienta no toma en cuenta estas diferencias, puede estar disponible en el idioma correcto y aun así sentirse desconectada de las personas a quienes busca ayudar.
Aquí es donde la humildad cultural se vuelve fundamental.
La humildad cultural es un enfoque propuesto por primera vez por Melanie Tervalon y Jann Murray-García en 1998 como una alternativa a la idea de que los profesionales pueden llegar a ser completamente “competentes” en la cultura de otra persona. En lugar de tratar la cultura como algo que se puede dominar por completo, la humildad cultural pone énfasis en el aprendizaje continuo.
Las investigaciones muestran que la humildad cultural es importante en la atención de salud mental. Cuando los clientes perciben que sus terapeutas muestran mayor humildad cultural, tienden a reportar relaciones terapéuticas más sólidas y mejores resultados. Este mismo principio debería orientar también el desarrollo y la selección de herramientas digitales de salud mental. Es más probable que una herramienta se sienta útil y genere confianza cuando refleja las experiencias, los valores y el contexto de las personas que la utilizan.
Con esto en mente, hay varias estrategias que pueden ayudar a encontrar herramientas digitales de salud mental que sean culturalmente sensibles y relevantes.
- Busca ejemplos que se parezcan a la vida real.
Una pregunta importante es si el contenido del programa se siente relevante para ti. ¿Refleja el tipo de situaciones o preocupaciones que realmente enfrentas? ¿El lenguaje suena natural? ¿La herramienta parece entender el contexto en el que vives? Una herramienta no tiene que representar perfectamente la experiencia de cada persona, pero tampoco debería sentirse como si hubiera sido hecha por y para alguien completamente distinto. También puede ser útil revisar si miembros de la comunidad para la que fue diseñado el programa participaron en su desarrollo.
- Busca información sobre privacidad que puedas entender.
Las herramientas de salud mental suelen pedir a los usuarios que compartan información personal. Deberías poder saber qué información se recopila, cómo se utilizará, quién podrá verla y si podría compartirse para otros fines. Esto no es un detalle menor. Para comunidades que han sufrido discriminación y que, por razones comprensibles, pueden sentir desconfianza hacia los sistemas de salud, la transparencia forma parte de que una herramienta se sienta segura, respetuosa y digna de confianza.
MindTrails Español como ejemplo
Cuando nuestro equipo lanzó por primera vez MindTrails Español, partimos de la idea de que no sabíamos exactamente lo que la comunidad necesitaba. Por eso, desde las primeras etapas del desarrollo del programa, nos aseguramos de contar con un equipo diverso y hemos pedido repetidamente comentarios y sugerencias a miembros de la comunidad, profesionales de la salud y organizaciones colaboradoras para entender qué se siente relevante y útil, y qué cosas necesitan cambiar.
También sabemos que este trabajo nunca termina. Las comunidades de habla hispana no forman un solo grupo uniforme, y puede ser difícil crear una única versión de un programa que resulte relevante para todas las personas. Por esa razón, estamos trabajando para aprender de una amplia variedad de perspectivas, incluidas las de inmigrantes de primera y segunda generación, refugiados y personas que viven tanto en comunidades rurales como urbanas. Nuestro objetivo es seguir mejorando MindTrails Español para que sea lo más eficaz y relevante posible para las comunidades a las que busca apoyar.
Sobre todo, la humildad cultural nos permite acercarnos al trabajo de salud mental con mayor cuidado y apertura. Al aprender junto con nuestros colaboradores comunitarios, podemos entender mejor cómo reducir las desigualdades en salud y ampliar el acceso a una atención de calidad.